El Viernes Santo, una de las fechas más significativas de la Semana Santa, es un día de abstinencia de carne para los católicos en Perú. Esta práctica, que busca recordar la crucifixión de Jesucristo, se extiende a otros días importantes como el Miércoles de Ceniza, marcando el inicio de la Cuaresma.
La tradición de no consumir carne en esta jornada se basa en el simbolismo de la penitencia y el sacrificio. Según el Código de Derecho Canónico, todos los viernes del año implican la abstinencia de carne, excepto en celebraciones solemnes. Esta restricción alimentaria es vista como una forma de reflexión espiritual y disciplina personal, invitando a los fieles a renunciar a un alimento común y a fortalecer su conexión con los valores de la Semana Santa.
Además, este acto de abstinencia también representa un momento de solidaridad y recogimiento, preparando a los creyentes para la celebración del Domingo de Pascua. Así, el Viernes Santo se convierte en un día clave para la meditación y el sacrificio, elementos centrales en la fe católica.
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