Un ambicioso proyecto busca transformar la conectividad en Sudamérica a través del Proyecto Túnel de Agua Negra, que conectará a Argentina y Chile mediante un túnel de 14 kilómetros bajo la Cordillera de los Andes. Esta obra, situada a 4.000 metros sobre el nivel del mar, ofrecerá un paso subterráneo permanente que superará las limitaciones del actual paso, que solo es operativo en verano debido a condiciones climáticas adversas.
La iniciativa, respaldada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), busca garantizar un flujo constante de personas y mercancías durante todo el año, facilitando el acceso de Buenos Aires al océano Pacífico a través del puerto chileno de Coquimbo. Este avance no solo optimiza los costos de transporte hacia Asia, sino que también integra el Corredor Bioceánico Central, mejorando la conectividad comercial y turística en la región.
A pesar de que el proyecto ha enfrentado estancamientos, recientemente se han reanudado trabajos en el lado chileno, mientras que en Argentina se esperan los acuerdos finales de financiamiento para comenzar las obras principales. Sin embargo, expertos advierten sobre los desafíos técnicos, ambientales y financieros que deberá superar para su ejecución efectiva.