El 16 de abril de 2026, Chile llevó a cabo su primer vuelo de expulsión de migrantes bajo el gobierno de José Antonio Kast. En total, 40 personas, originarias de Bolivia, Ecuador y Colombia, fueron deportadas en un avión de la Fuerza Aérea chilena hacia sus países de origen. Esta medida se alinea con la promesa electoral de Kast de deportar a alrededor de 330,000 migrantes en situación irregular.
El grupo deportado estaba compuesto por 17 bolivianos, 4 ecuatorianos y 19 colombianos. Tras una parada técnica en Iquique, el vuelo continuó hacia Santa Cruz de la Sierra, Quito y finalmente Bogotá. Según las autoridades, 25 de los expulsados enfrentaban medidas administrativas, mientras que 15 tenían órdenes judiciales por delitos como robos y tráfico de drogas.
A pesar de que este tipo de expulsiones no son nuevas en Chile, el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, destacó la rapidez de este gobierno en comparación con el anterior. Kast ha expresado su compromiso de intensificar estas operaciones, prometiendo que este será «el primer vuelo de muchos». Sin embargo, algunos críticos han cuestionado la eficacia de estas medidas y la viabilidad de cumplir con las promesas de deportación, dado que existen más de 75,000 órdenes de expulsión pendientes.